Interstellar

Crítica “INTERSTELLAR”: Cuantificando una emoción

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¿Por qué me detengo al salir de una sala de cine y pienso si me gustó o no la película que acabo de ver? ¿Cómo puedo tener dudas acerca de mi gusto? Eso no puede ser normal, ¿o si?

Muchas personas que me acompañan al cine salen esperando mi comentario de aprobación o rechazo, ya sea para justificar su idea o para burlarse de la mía y en muchas ocasiones terminan indignados con mi actitud de guabina.

No siempre es así. A veces la decisión ha sido tomada incluso antes del final de la película. A veces en los primeros 15 minutos. Pero en otros momentos pueden pasar días antes de que me sienta capacitado para tomar una decisión. Esto sin tomar en cuenta la eterna posibilidad de cambiar de opinión, algo que puede suceder en más de una ocasión, en el transcurso de los años.

Algunas veces salgo fascinado de una película que termino odiando en algunas horas, mientras que otras salgo indignado por un espectáculo que a los días me parece una obra maestra. Tampoco debo olvidar la capacidad que tienen nuestras experiencias personales en influir esa opinión. Ya sea desde el público que se encontraba presente en la sala, hasta una característica personal que me permite entender de una forma especial lo que sucede en la pantalla.

Así que ¿donde me encuentro con respecto a “Interstellar”? La película pasó de forma rápida y entretenida, a pesar de sus casi 3 horas de duración. Exceptuando algunos momentos, la película logró todo lo que se proponía hasta el punto de dejarme una sensación de maravilla ante el universo que se extendió durante el recorrido en metro hasta mi casa.

Sin embargo, la emoción inicial fue disminuyendo con el paso de los días y los detalles que al principio me habían sacado de la experiencia en la sala continuaban llamando mi atención, cada vez con mayor fuerza.

Decidí volver a ver la película, a ver si podía aclarar mis ideas, pero la emoción volvió a tomar la batuta ayudada por la banda sonora de Hans Zimmer y las ideas volvieron a desordenarse.

“Interstellar” es fiel al tema que se plantea abarcar, al punto de ser contradictoria. Es majestuosa y mínima al mismo tiempo. Parece transcurrir a lo largo de toda una vida y sin embargo puede ser resumida en un sólo instante. Es igual de incapaz que los seres  humanos de intentar expresar una emoción con las herramientas de la razón. Su mayor problema es precisamente lo que la hace especial.

Se puede intuir a un Christopher Nolan queriendo dejar atrás la oscuridad presente en su filmografía para alcanzar una visión menos cínica de la humanidad. Desde “Inception” el director ha intentado introducir una luz en su temática pero “Interstellar” es definitivamente su esfuerzo más grande.

Como lo expresó muy bien Gaziello en la conversación que tuvimos Skypeando, el tema principal de la película es el de los sacrificios que hacemos los seres humanos para avanzar hacia el futuro y la dificultad de balancear el deseo de descubrir nuevos horizontes sin dejar atrás los lazos que nos unen.

A diferencia de muchos que opinan que Nolan es incapaz de representar momentos emotivos efectivamente como lo haría Spielberg, creo que el director logra presentar la conexión emocional de una forma creíble y potente. Sin embargo, deja claro que su verdadero interés y punto de vista parte desde la ciencia y hacía ella siempre va a regresar.

Quizás una película dirigida por Spielberg hubiese tenido un final con más hincapié en lo maravillosas y misteriosas que pueden ser las emociones humanas, pero Nolan las subsume a una categoría más dentro del maravilloso mundo de la ciencia, el cual nunca nos dejará de sorprender. Ese cambio de enfoque probablemente sea el que muchas personas rechaza de la película.

Poco a poco estoy haciendo las paces con la idea de disfrutar la película sin tener que etiquetarla dentro de una escala de valor. Disfruto con las ideas que presenta y con la ambición de Nolan de adentrarse en territorios que le resultan incómodos. Me molestan los fallos estructurales que tiene la película, los problemas en el tono que presenta por momentos y su necesidad de brindarle momentos de acción y drama a la audiencia.

Pero siempre estaré agradecido de poder tener una conversación con alguien que quiera convencerme de que “Interstellar” es una mala película o una obra maestra. Para eso siempre tendré tiempo suficiente.

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